Bolivia en rodante: lo que la altitud te enseña sobre viajar despacio
A 4.000 metros el motor pierde potencia, el cuerpo pierde el aire y el paisaje gana algo que no tiene nombre. La guía práctica para cruzar Bolivia sobre ruedas.
(0)Bolivia te hace lento. No como insulto: como descripción precisa de lo que le pasa al cuerpo, al motor y al tiempo cuando subís al altiplano.
A 3.800 metros, que es la altura de La Paz, el aire tiene un 40% menos de oxígeno que al nivel del mar. El motor diesel pierde entre un 25 y un 35% de potencia. El corazón bombea más rápido. El sueño viene antes. Las pendientes que antes no existían ahora son obstáculos reales.
Y sin embargo, después de las primeras 48 horas de adaptación, algo se asienta. Y lo que te queda es uno de los países más extraordinarios del continente.
Entrar a Bolivia
El paso más utilizado desde Argentina es La Quiaca-Villazón. Es el más sencillo logísticamente: burocracia clara, poca espera fuera de temporada alta, y el pueblo boliviano de Villazón como primera parada.
Desde Chile, el paso de Tambo Quemado o el de Chungará. Desde Perú, el de Desaguadero o Kasani. Todos funcionales, todos con los mismos requisitos: certificado de fumigación del vehículo (se consigue en la frontera), permiso temporal de importación de vehículo, SOAT boliviano.
El SOAT boliviano es obligatorio. Se puede comprar en la misma frontera. El permiso del vehículo tiene un plazo máximo de 30 días, extensible en las oficinas de aduanas de las ciudades principales.
La adaptación a la altura
Esto es lo más importante y lo que más se subestima: no se puede apurar la aclimatación.
Los primeros dos días en el altiplano hay que tomarlos con calma absoluta. Nada de esfuerzo físico intenso, mucha agua, poco alcohol (ninguno si podés), comidas livianas. El soroche —el mal de altura— puede ir de dolor de cabeza leve a náuseas, vómitos y mareo fuerte. Si los síntomas son intensos, bajar a menor altitud es la única solución real.
La coca es parte de la cultura boliviana y también ayuda. Las hojas de coca masticadas o el mate de coca no son un remedio mágico pero alivian los síntomas leves. Los locales la usan siempre. Nosotros también.
El motor a la altura
El diesel funciona pero sufre. Lo que notarás inmediatamente:
Menor potencia en pendientes. Mayor temperatura del motor. Mayor consumo de combustible por kilómetro. Arranque más difícil en frío extremo (en el altiplano, las noches de invierno pueden bajar a -15°C).
Revisión obligatoria antes de subir: filtro de aire limpio, correas en buen estado, refrigerante al nivel correcto, batería en óptimas condiciones (el frío la descarga muy rápido). El turbo, si tenés, trabaja más y se calienta más. Asegurate de dejarlo enfriar antes de apagar el motor después de subidas largas.
El Salar de Uyuni
Todo lo que escuchaste es verdad. Y es mejor en persona.
El Salar de Uyuni tiene 10.582 kilómetros cuadrados de sal blanca a 3.656 metros sobre el nivel del mar. En la temporada seca (mayo a octubre) es una superficie perfectamente plana y refractante donde el horizonte desaparece. En la temporada de lluvias (noviembre a marzo) se cubre de una delgada capa de agua que genera el espejo más grande del mundo.
Para acceder en vehículo propio: la entrada más común es desde Colchani. Las pistas sobre el salar están marcadas con banderines y mojones de sal; seguir las marcas es imprescindible porque hay zonas de costra fina que no soportan el peso de un vehículo. El GPS sobre el salar puede fallar por la reflectividad del terreno.
Llevar: combustible de sobra (en el salar no hay nada), agua extra, comida, cable de remolque (por las dudas), GPS y mapa offline actualizado.
La Paz: navegarla en rodante
La Paz está construida en un cañón. Las calles suben y bajan con pendientes que en algunos barrios superan el 20%. Navegar la ciudad en un vehículo grande requiere planificación.
Lo que funciona: alojarse en el área de Mallasa o La Florida (zona baja, más plana, menos tráfico), y usar los servicios de transporte público o taxi para entrar al centro. Los teleféricos urbanos de La Paz son una solución eficiente y extraordinariamente pintoresca.
Lo que Bolivia te deja
Llegar al Salar con la sal crujiendo bajo las ruedas. Cenar en un mercado de La Paz por dos dólares. Ver el amanecer en el Lago Titicaca con el altiplano en silencio absoluto. Que una señora en Potosí te cuente la historia de su pueblo como si fuera la primera vez que alguien se la pide.
Bolivia te hace lento. Y cuando te das cuenta de que eso es exactamente lo que necesitabas, ya no tenés ningún apuro por salir.
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