El camping más hermoso que encontramos de casualidad
Estábamos perdidos, casi sin nafta, y doblamos por un camino sin nombre. Lo que encontramos del otro lado cambió el rumbo del viaje.
(0)Los mejores lugares que encontramos en tres años de ruta no estaban en ninguna app. Ni en este blog. Ni en ningún lado.
Este tampoco debería estar. Pero es tan increíble que no puedo guardarme el secreto.
El contexto
Era nuestro día 34 en la Patagonia. Estábamos buscando un lugar para pernoctar antes de llegar a El Bolsón al día siguiente. El mapa de papel —sí, todavía usamos papel en zonas sin señal— mostraba un camino de tierra que salía hacia el oeste desde la ruta provincial y terminaba en nada, o eso parecía.
Nacho dijo que no. Que ya eran las 6 de la tarde, que el tanque estaba en reserva y que explorar caminos desconocidos a esa hora era una decisión pésima.
Tenía razón. Doblé igual.
Lo que hay al final del camino sin nombre
Cuatro kilómetros de ripio entre lengas y ñires, un puente de madera que hizo ruidos que preferí no interpretar, y de repente: un lago.
No un lago con cartel y infraestructura y turistas sacando fotos. Un lago sin nombre en los mapas, de agua tan transparente que desde la orilla se veía el fondo a cinco metros de profundidad. Rodeado de bosque nativo. Con una playa de piedras blancas tan pequeña que apenas entraban dos carpas.
No había nadie.
Nos quedamos tres días.
La vida en ese lugar
El primer día no hicimos nada. Literalmente nada. Nacho leyó. Yo me senté en la orilla y miré el agua durante horas, algo que en la ciudad equivale a desperdiciar el tiempo y que acá se siente como la actividad más productiva del mundo.
El segundo día pescamos. Truchas. Las comimos esa noche con ajo y limón en la sartén de hierro que cargamos desde Buenos Aires y que pesa tres kilos y vale cada gramo.
El tercer día llegó otro viajero. Un tucumano en una camioneta con techo elevable que llevaba siete meses recorriendo el país solo. Nos tomamos unos mates, intercambiamos coordenadas de lugares, y cuando se fue nos quedamos con la sensación de que esas conversaciones de ruta son de las más honestas que existen. Con desconocidos que nunca vas a volver a ver, podés ser exactamente quién sos.
Por qué no doy las coordenadas exactas
Porque hay lugares que se merecen permanecer sin nombre. Que alguien más los encuentre doblando en el camino equivocado, como hicimos nosotros.
Lo que sí puedo decir: está en el sur de Río Negro, a menos de 50 kilómetros de El Bolsón. El camino no tiene cartel. El lago no aparece en Google Maps. Si lo buscás, probablemente no lo encontrés. Si salís a explorar sin un destino fijo, quizás sí.
Esa es exactamente la diferencia.
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